Paseo en bicicleta

Te había encontrado en no sé dónde
en la boca tibia de gente reunida
con la sangre hervida, un poco el frío
un poco la puta vida puta, como siempre
con el hambre de ganas a todos ratos.
Ese rato estabas tú y no conversamos
rodamos en tu bicicleta porque era de noche
porque yo seguía el rumor caliente, por aquello.
Tú tenías veintitantos: dos bocas emparadas a callejón cerrado
una era la mía.
Yo quería retozar con alguien
andar sola muy acompañada
por mi pálida vaina, la pobre.
Me mojaste sobre ruedas y me pudiste llevar a dónde sea
Así que lo hiciste.
Me metiste del camino a rieles con oliva en la piel
untaste tus puntas y tus huesos
mis dietes, mi mala úlcera, mis nalgas,
te abriste despacio, caíste, dormiste,
busqué bajo tu cama una excusa de huída
y me quedé
porque encontré más untos desvalijados como el mío
muy solo, muy yo para no despabilarme.
Te quise querer, te quise despertar con otro rato
y esperé la mañana.
Nos mal viciamos la congoja girando
luego, no supe tu nombre.

*Ilustración: Liz Vázquez / Poema: Ia Navarro

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